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responsabilidad afectiva

¿Qué es la responsabilidad afectiva y cómo me puede ayudar a tener una relación más sana con mi pareja?

La responsabilidad afectiva es un concepto que está tomando mucha fuerza especialmente en el ámbito de las relaciones de pareja. Hablamos de responsabilidad afectiva para referirnos al hecho de que en cualquier relación, debes tener presente que cualquier acto tuyo va a tener una consecuencia en la otra persona y es importante que seas consciente de este hecho. Por supuesto cuando hablamos de actos  incluimos lo que haces pero también lo que dices. Sigue leyendo y descubrirás una nueva forma de cuidar tu relación.   

¿Qué es una relación de pareja sana?

Las relaciones sanas se caracterizan por varios elementos: comprensión, afecto, empatía, compromiso y comunicación

¿Qué hace que a unas parejas les vaya mejor que a otras? Es una pregunta compleja y que seguramente no puede responderse de una forma única. Sin embargo, diversos autores hablan de cosas que podemos hacer para tener una relación sana.

Quizás uno de los factores por los que más parejas acuden a psicoterapia tiene que ver con fallas en la comunicación. La comunicación es uno de los elementos que cuando no va bien favorece los desencuentros y discusiones  entre personas que mantienen una relación: cuando las dificultades no se resuelven y las diferencias no se expresan de forma asertiva, aumenta el distanciamiento entre sus miembros.

Una forma de mantener una comunicación saludable tiene que ver con poner en práctica la responsabilidad afectiva.

¿Qué es la responsabilidad afectiva y en qué consiste?

Hablamos de responsabilidad afectiva cuando los miembros que componen la relación poseen consciencia de que sus actos tienen un efecto en la relación. Es así como las cosas que decimos, cómo las decimos e incluso las que callamos, pueden afectar emocionalmente a la persona que está a mi lado.

Se basa en el establecimiento del consenso, dialogo y cuidado de los sentimientos que surgen en la relación con una persona significativa.

En un sentido más amplio y profundo, implica dejar de idealizar a la otra persona (mito permanente del amor romántico), para concebirle como una persona con sus defectos y virtudes, con posibilidad de equivocarse y sobre todo, con capacidad de aprender.

Las personas con responsabilidad afectiva funcionan de forma adulta y reconocen que sus expectativas no siempre se cumplen y que es su responsabilidad expresar y comunicar qué necesitan y qué esperan de la otra persona.

Fíjate en estos ejemplos de responsabilidad afectiva

Quiero darte algunos ejemplos para que veas más claro cómo aplicar este concepto a tu relación de pareja. En la columna de la derecha, subrayadas en gris encuentras las alternativas más responsables afectivamente, contrapuestas a las opciones en las que falta dicha responsabilidad. 

SIN RESPONSABILIDAD AFECTIVA

CON RESPONSABILIDAD AFECTIVA

1. Dejo pasar las cosas con el la idea de que ya se arreglarán solas

Busco el momento para aclarar, para preguntar, para interesarme por resolver los malos entendidos.

2. Parto de que mi pareja me conoce lo suficiente como para saber en todo momento lo que es importante para mi

Acepto que no existe la telepatía, que mi pareja no puede adivinar lo que necesito y por tanto es responsabilidad mía expresar y comunicar lo que necesito

3. Si no quiero seguir con una relación, lo mejor es dejar de hablar y responder a los mensajes. Así la otra persona se dará por aludida y entenderá. 

El ghosting y el hecho de ignorar los mensajes es un claro ejemplo de falta de responsabilidad afectiva. Si no quieres seguir con una relación, debes expresarlo con claridad para que la otra persona sepa a qué atenerse. 

4. No tengo claro si quiero estar en esta relación pero ya decidiré más adelante. 

Forma parte de la responsabilidad afectiva el no crear expectativas irreales en la otra persona: si no estás dispuesto a comprometerte en una relación, no hace falta que generes falsas esperanzas. 

5. Hay cosas que no me gustan en esta relación pero me da cosa decirlas, no quiero hacerle daño a la otra persona

Tanto por responsabilidad afectiva como por autocuidado, es importante que puedas poner límites en cuanto a lo que esperas, lo que necesitas y lo que deseas de esta relación.

¿Conocías ya el concepto de responsabilidad afectiva?

Seguramente hay muchos otros ejemplos que pueden ser útiles a la hora de ilustrar el concepto de responsabilidad afectiva. Hay una metáfora que puede ayudar a visualizarlo también. Si lanzamos una piedra al agua, las ondas expansivas recorren no solo el punto del impacto sino que van más allá, se afecta el movimiento de la superficie extensa del agua. ¡La acción de arrojar la piedra repercute no solo en el lugar donde la piedra cae!

La responsabilidad afectiva es una práctica diaria, va más allá de la empatía aunque sin ella no sería posible. Ponerla en práctica es posible y resulta muy gratificante además de ser una muy buena forma de cuidar la comunicación en la relación.

¿Te gustaría ser más responsable afectivamente

 

Aprender a ser más consciente de cómo afecta lo que tu haces en tu pareja no siempre es fácil. 

No se trata de que tú te adaptes a la otra persona o de que pongas sus necesidades por encima de las tuyas.

Se trata de construir una relación con mayor respeto, equidad y transparencia. Y sobre todo con mayor consciencia de que tienes la capacidad de generar emociones en los demás de la misma forma que los demás pueden generar emociones en ti. 

Si necesitas ayuda en este tema, no dudes en ponerte en contacto con nosotros

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