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Actualizado el 12 May, 2024 | Publicado el 23 Mar, 2016

El rencor y el resentimiento son los enemigos más potentes de una relación satisfactoria, de una vida tranquila e incluso de una buena salud. Si sientes que el daño que te han hecho es tan grande que no puedes olvidarlo, no puedes dejarlo atrás y no puedes ni soñar con perdonar, has caído en las garras del resentimiento y no te va a ser nada fácil escapar. A la vez, el resentimiento te ancla al pasado y no te deja avanzar. Es como un laberinto del que cuesta salir pero no es imposible.

El rencor ¿qué es?

Al rencor y al resentimiento los encontramos en el universo de la ira, cerca del odio y de la furia y aparecen cuando sientes que te han dañado, se han burlado de ti, te han maltratado, te han ignorado, te han puesto en una situación incómoda…

Puedes enfadarte con alguien y dejarlo pasar o perdonar pero cuando por la intensidad del daño, no puedes quitarte de encima la rabia, aparece el rencor y sus complicaciones. Puede ser por el vínculo que tienes con la persona que te lo ha causado, por las dificultades que tienes para encontrar una salida, o porque enfrentarte a tu propia responsabilidad no te resulta fácil.

Te conviene dejar atrás el rencor

Si te cuento que el rencor te ata para siempre a la persona a la que odias, es probable que no me entiendas. Y lo sé porque he intentado explicarlo muchas veces y a muchos tipos de personas:

  • A padres que siguen odiando a sus exparejas porque creen que interfieren en la relación con sus hijos,
  • A parejas que dicen que quieren apostar por su relación pero que no se mueven porque el rencor les impide dar el primer paso,
  • A personas adultas que siguen echando la culpa de todas sus dificultades a sus padres,
  • A personas en crisis enfadadas con el sistema, con el gobierno y con las conjunciones astrales paralizadas por la rabia…

Como siempre que a los adultos nos cuesta entender algo que nos afecta muy directamente, tengo una arma secreta que llega con más fuerza al corazón porque despista por unos instantes a nuestras cabezas: un cuento.

Un cuento sobre el rencor

Una leyenda zen cuenta que un monje y su discípulo, de camino al monasterio, tenían que cruzar un río.

En la orilla estaba una mujer muy obesa y elegante, que también quería cruzar, pero el río estaba muy alto. Así que el monje la subió sobre sus hombros y la llevó hasta la otra orilla. En cuanto la depositó en el suelo la mujer los miró con desdén y se fue, sin decir gracias.

El discípulo se puso furioso. No dijo nada, pero hervía por dentro. Recorrieron varias leguas en silencio y, al llegar al monasterio, el discípulo, enojado, se volvió hacia el monje y dijo: “Era tan pesada… y ni siquiera nos dio las gracias”.

El monje se rio; dijo:

«Sí, yo la llevé y era pesada.

Pero la dejé en el río, muchas leguas atrás.

Tú todavía la estás cargando»

Ya ves que dejar atrás el pasado, perdonar y olvidar te sirven para quitarte un peso de encima, ahora está más claro el por qué el rencor no te deja avanzar ¿verdad?.

¿A dónde te lleva el rencor?

El rencor y el resentimiento no te llevan por buen camino. Fíjate que consiguen que:

  • te sientas herido o herida en lo más profundo de tu ego
  • tengas ganas de atacar y de vengarte para causar el mismo daño que te han hecho
  • pierdas la confianza y te pongas a la defensiva para defenderte de futuros ataques

Solo los muy valientes son capaces de dejar de mirar hacia fuera, de culpar al otro o a la otra de todas sus penas y a buscar la propia parte de responsabilidad en la situación que están viviendo. Una parte de la rabia va dirigida hacia fuera pero hay otra parte que va dirigida hacia adentro y ese enfado contigo mismo también debes sacarlo a la luz.

¿Por qué cuesta librarse del rencor?

Y si sabemos que nos hace daño, ¿por qué no nos sacudimos de encima el resentimiento y miramos hacia adelante?

  1. Puede ser porque no te das cuenta de que igual que has elegido instalarte en el rencor, tienes también la opción de dejar de hacerlo. No digo que sea fácil, pero si te lo propones y dejas de alimentarlo, es probable que vaya desapareciendo.
  2. Porque si te ves como una víctima, te estás protegiendo de tu parte de responsabilidad en lo que ha sucedido. Es una forma de evitar que tengas que hacerte preguntas dolorosas como estas: ¿por qué he dejado pasar estas cosas durante años? ¿por qué mi miedo al conflicto y a las diferencias me ha impedido pedir lo que necesitaba? ¿por qué he hecho ver durante tanto tiempo que no pasaba nada? ¿por qué he esperado que el tiempo lo curara todo en lugar de enfrentarme a lo que estaba sucediendo? ¿por qué he escondido bajo la alfombra tantos problemas en lugar de ponerlos sobre la mesa, en el centro y a la vista de todos para poder buscar solución? …
  3. Porque estás en el camino de aprender a soltar y a perdonar para descubrir que de todo lo  que te sucede, por horrible que haya sido, siempre hay una pequeña posibilidad de sacar algún aprendizaje o un motivo para la gratitud.

¿Y entonces qué hacemos?

El perdón es la fragancia que la violeta vierte sobre el talón que la ha machacado. Mark Twain

No te pierdas mi articulo Pistas para perdonar cuando no sabes cómo hacerlo y cuéntame más abajo en los comentarios qué te ha parecido.

por Patricia Maguet Levy

por Patricia Maguet Levy

Licenciada en Psicología por la Facultad de Psicología de la Universidad Autònoma de Barcelona. Especializada en Psicología Clínica reconocida por el Ministerio de Educación. Además, Realicé un master en terapia familiar, enfocándome en los últimos años en la terapia de parejas.

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